domingo 15 de agosto de 2010

Asco de Pueblo

Los que me conozcan, o crean conocerme, sabrán la poca simpatía, aprecio o afecto que siento por el pueblo donde pasé mi infancia y en el cual siguen aún viviendo mis padres.

Tengo que reconocerlo con todo el dolor (que por lo políticamente correcto tengo que poner en mis palabras) que si me dijesen que nunca más pudiese regresar a este pueblo, yo me sentiría francamente alegre por dicha noticia.

¿Qué queréis que os diga? La vida de un pueblo no está echa para mi. Son tantas y tantas (!y tantas) las cosas que odio de vivir en un pueblo, que me he decidido a comentar algunas en el blog, que no sé porque, pero siempre tengo la constante impresión de estar olvidándome de él.

El primer punto que quiero señalar, y que lo pongo primero no por importancia ni trascendencia, sino porque es el primero que viene a mi cabeza en estos instantes, es la ausencia de anonimato. Voy a ponerlo bien grande, que se vea.

Ausencia de anonimato

Y es así, cualquiera que haya vivido en un pueblo de relativamente pocos habitantes (en el caso que nos ocupa, unos 8000) lo podrá corroborar. En un pueblo resulta imposible (sin tener dotes de Ninjas, trajes de camuflaje ópticos o superpoderes) salir a la calle sin que nadie se entere.

Yo no es que vaya atracando viejas ni asaltando quinceañeras, pero sinceramente me resulta agotador que todas y cada una de las personas con las que me cruce sepan quien soy. No hay cosa (que me acuerde ahora mismo) que odie más.

La gente que se preocupa del derecho a la intimidad en Internet... ¡¿Por qué no hace nada con la intimidad en los pueblos?! ¡Por favor! ¡Hagan algo! A mi es algo que me preocupa mucho más.

Si en una ciudad cruzarte con alguien conocido es motivo de alegría, saludos y una breve conversación, en un pueblo es el pan nuestro de cada día, que dios dánoslo hoy, porque hasta ir a comprar el pan se vuelve comprometido. Vas a la panadería a comprar el pan. La panadera, a la cual no has visto en tu vida o si lo has hecho ni tan siquiera lo recuerdas, antes de que tengas tiempo de decir "hola" te suelta dos barras de pan (una normal y otra integral), un donuts y te pregunta "dile a tu madre que si ahora que estáis en casa por vacaciones quiere que más pan". ¿Pero cómo lo hace? ¡Qué servicio de inteligencia! Hija mía, no pierdas el tiempo trabajando en un supermercado, que yo creo que te puede fichar la CIA o el FBI.

Sinceramente, en ocasiones me planteo que mi madre vaya enseñando fotos mías a la gente, porque si no no me explico como diantres saben quien soy. Con lo poco que vengo al pueblo y lo poco que salgo a la calle, en verdad que me lo pregunto.

Porque así es, tengo que reconocer que salgo poco a la calle cuando estoy en el pueblo. ¿Qué queréis que haga? Vivo rodeado de una tensión constante, sabiendo que todos mis movimientos están siendo capturados y vigilados por un gran hermano con bata y rulos mucho mejor camuflado que los más hábiles espías con pipa y gabardina. Me las imagino con todo el operativo desplegado:

- "Miradle, ha salido a pasear al perro, cambio". 
- "Si, le tengo localizado. Que serio camina, si hasta da susto, cambio".
- "Oh que pervertido, le ha mirado el culo a la hija de menganito, cambio".
- "Pues como se entere follanito, le va a partir la cara con lo celoso que es, cambio".
- "No creo, con la cara de asesino que tiene no creo que se atreva, cambio y corto".
- "No, porque follanito a dejado preñada a furcianita, lo que pasa es que aún no se lo ha dicho a la hija de menganito..."

Lo peor, es que ¡es así! En cualquier momento, con tiempos de acceso prácticamente inexistentes cualquier pueblerino puede darte un informe completo de cualquier persona: familia, amigos, novias, gente con la que está peleados, gente con la que no se habla,... Lo que yo te diga, si quieres saberlo todo de alguien, pregúntale a alguno de ellos, que funcionan mucho mejor que Google.

Y claro, todo esto a mi me puede. Me siento en inferioridad ante el micromundo que constituye el pueblo, consciente de que en todo momento saben quien soy, que creen saberlo todo sobre mi sin saber yo lo que creen saber sobre mi...  Porque claro, la cosa se agrava cuando eres como soy yo, más despistado que un girasol en un eclipse y te resulta incapaz de recordar quien diantres es quien. ¡Yo quiero anonimato!

Esa es la clave, el anonimato. Porque yo quiero ser anónimo. Me gusta estar rodeado de gente que no conozco ni me conocen. Me gusta moverme sin que nadie pueda seguirme el rastro. Me gusta cantar oyendo música por calle sin que nadie me pueda etiquetar con "el hijo de" o "el hermano de" va hablando solo. En definitiva, quiero ser libre y eso es algo, que al menos desde mi punto de vista, no se puede ser en un pueblo.

3 comentarios:

  1. Muy bueno. Me gustó la parte en la que el burro echó a volar

    ResponderSuprimir
  2. Sin ninguna duda, la parte en la que sale el burro a escena también es mi parte favorita...

    :P

    ResponderSuprimir